La Náusea

February 14, 2010

Me inspiré en La Náusea de Sartre. Hice esta exposición en La Alianza Francesa en San José. Diego Soto, escribió el siguiente prefacio para esta exposición:
La náusea

Anotaciones y conceptos sobre una exposición de pinturas

La mayoría de las pinturas son en realidad un engaño que, buscando emular un referente externo a su propia naturaleza se pierde a sí mismo en tanto objeto contingente, con independencia y vida propia. Lo que comúnmente entendemos como obra de arte, no es más que un juego de ilusionismo que nos presenta delante un remedo de algo (un paisaje, una persona, otro objeto, una idea, un concepto) y nos pretende hacer creer que la representación es el objeto. O, en el mejor de los casos, que la representación del objeto ajeno y externo a la pintura es un buen espejo de la forma o el contenido que se quiere emular.

De cualquier forma, la pintura se aliena, se encuentra siendo un objeto para otro, buscándose en lo ajeno a sí misma, y perdiéndose en su intento de identificación.

Cuando contemplamos, por ejemplo, la pintura de una manzana, el referente de la manzana fagocita a la pintura en tanto objeto con realidad propia. Inevitablemente comparamos la realidad que nos presenta el cuadro con la realidad de la manzana. Juzgamos que tanto se acercó el autor a una representación del objeto creado, o que tan interesante resulta su estilización. El objeto devora a la pintura, y entonces la mirada se vuelve sobre la manzana real, perdiendo irremediablemente el cuadro.

La evocación de un concepto o un objeto es tan fuerte que terminamos perdiendo de vista el lienzo y trazando en el aire los contornos de una realidad que no existe.

En otras palabras, cuando vemos la pintura de una manzana no vemos el cuadro, vemos a la manzana que se intento representar. Estilizada, cubista, realista, da igual, nos decimos a nosotros mismos: ahí está una manzana; y si no la encontramos, nos esforzamos por verla hasta que salta a nuestros ojos y llena todo el cuadro con un sentido que antes no estaba ahí.

¿Qué es entonces un cuadro? ¿qué son estos cuadros, estas pinturas, estos trabajos que ahora presentamos al mundos? En este caso particular, son obras que no tienen ningún otro referente más que sí mismas. No significan nada, no pretenden ser nada más que un evento pictórico.

Quizá habría que preguntarse: ¿es posible que exista una pintura sin referente?, ¿una pintura que sea importante en sí misma, como objeto y que no tenga otra referencia más que su propia naturaleza?

La pintura puede ser un acontecimiento que no necesita apoyarse en ningún otro elemento fuera de las unidades básicas de una obra pictórica: la línea, el color y la forma. Mientras acontezcan estos tres componentes, el cuadro no necesita ningún otro sentido o contenido.

Cuando un cuadro en particular tiene un tema, entendiendo esto como la expresión de un contenido particular, el tema mata al cuadro como evento independiente y particular, como acontecimiento para sí.

Cada pintura, más allá del objeto o la idea representada es una realidad particular, con permanencia en el tiempo y el espacio, con una historia y proceso particular que puede o no tener significado externo, pero que tiene un valor intrínseco innegable.

La propuesta central de estas obras es que los elementos básicos de una obra pictórica (repitámoslo: color, forma, línea) pueden ser acontecimientos por sí solos. La existencia de estos eventos pictóricos depende de sí mismos, no de un referente que los cargue de significado.

Esto, por supuesto, parte de una visión general de la vida en su conjunto, que ha encontrado su mejor explicación en lo que Jean-Paul Sartre llamó náusea.

Los seres humanos tratamos de encontrar una “razón de ser” en todo lo que nos rodea: la naturaleza, nosotros mismos, nuestras circunstancias. Sin embargo, en esta búsqueda de significado, el ser humano está condenado al fracaso, porque la existencia misma de las cosas es lo que les confiere sentido. No hay, pues, algo similar a un sentido de la existencia que pueda ser tomado de la vida o de las cosas. Ellas, en su existencia, han precedido a cualquier esencia o sentido.

Cualquiera de las cosas existentes tienen sentido porque están ahí. Una rosa no necesita una razón estética, teológica, utilitaria o de cualquier índole para ser. Del mismo modo, una pintura no necesita ninguna razón, ningún referente, ninguna excusa estética, ningún contenido catártico para ser o para justificar su existencia. El mero hecho de que esté ahí la convierte en un acontecimiento, lo transforma en un hecho que se auto justifica y se auto perpetua.

El ser humano es un ser desamparado. Abandonado al sin sentido de la existencia. Es su tarea la de otorgarle un sentido a esa existencia, no la de encontrarla. Uno no se topa con el sentido de la existencia, uno lo construye. Esta es la descripción de la aventura humana: la construcción de un sentido para el sin sentido; la formación de razones para el absurdo.

En este proceso, la náusea, una sensación de desagrado inmenso ante la contradicción fundamental entre el sin sentido de la existencia y nuestro deseo de otorgarle uno es la que acompaña y llena todo el conjunto. Esta sensación, náusea, el vértigo incomparable que nos arrastra hasta un desagradable vórtice en la contradicción fundamental que todos deseamos salvar, es lo que mejor describe la búsqueda y el trabajo que hay en esta exposición.

En otras palabras, los humanos, los únicos seres que se percatan del absurdo que se esconde detrás de la vida, introducen e instauran este absurdo en el mundo. Traen la náusea a la tierra. La nada, la vacuidad, se encarga de instalarse cómodamente en nuestra vida.

La contradicción existencial, la náusea de Sarte, describe muy bien la orientación general que sigue estas obras.

A estos eventos pictóricos hemos llegado por dos vías que, más tarde o más temprano, terminan por unirse.

Por un lado tenemos un impulso creador al que no le satisface la representación de un objeto, la estilización o la abstracción. La creación, al menos en este caso, exige algo más: desea un evento único y lo más cercano a un acontecimiento absolutamente original que sea posible.

La creación de una pintura que tenga como sujeto y objeto su propia naturaleza es lo que ha llevado al autor a deshacerse de cualquier intento de figuración, de cualquier forma de abstracción, de cualquier referente. La creación se ha asumido como un proceso de decantamiento, en el cual se han ido eliminando, a lo largo del tiempo, cualquier atadura que ligue la obra pictórica con algo fuera de ella; podríamos llamarlo un minimalismo de sentido. Es, quizás, el intento de crear u objeto, concreto como el que más, y lo más original, único y fuerte que sea posible. Lo más libre que se pueda.

Después de todo, la libertad de estas obras son, para la mente, un escándalo. Necesariamente tendemos a darle una forma, un color, un nombre a la representación. El ser humano es libre, a sido abandonado a sí mismo en una existencia en la cual no puede atarse a nada para ser más que a su existencia. Esto lo subleva, lo angustia, lo atemoriza.

De la misma manera, el rescate de la bidimensionalidad que se hace con estos acontecimientos pictóricos subleva y atemoriza nuestro entendimiento. Buscamos formas en ellos, queremos atarlas a un referente para poder procesarlas. Pero, el autos se niega a ello de una manera sistemática y consiente.

Estas obras han sido desatadas de sentido. Incluso carecen de título para no determinarlas Su proceso de elaboración responde a una elección, no a una intención. Los colores, las formas, las líneas son solo una escogencia y no un efecto, un contenido, o un sentido.

Cuando nos enfrentamos a un lienzo en blanco, estamos delante de la libertad absoluta en toda su potencialidad. Aquella tela puede ser cualquier cosa, no está, de ninguna manera, atada a nada. Pero, esta libertad, en esta forma, no sirve para nada. La única manera de que la libertad tenga algún valor es haciendo uso de ella; es decir, escogiendo. Y de una manera fascinante, una vez que hemos realizado la primera elección, irremediablemente perdemos libertad: nos hemos atado a una dirección, hemos seguido un camino. Estamos aún dentro de la contradicción fundamental que nos provoca una violenta sensación de náusea.

Ahora bien, este objeto único, este acontecimiento bidemensional al que cómodamente llamamos una pintura, es también un proceso histórico. Hay una serie de elecciones que dejan rastros y huellas sobre el trabajo. De una manera premeditada, las diferentes fases de esta historia están visibles en el cuadro.

Las diferentes capas de color, las líneas veladas que saltan, los trazos expuestos, primitivos, sobre los que descansa la obra, son la exposición de la historia particular de este acontecimiento. Se deja a la vista y paciencia de todos las entrañas de la pintura, para recalcar el valor que tiene como acontecimiento.

Al enfrentarnos a estos cuadros estamos presenciando un juego de escogencia. Escoger entre u color y otro, entre una figura y otra, entre una u otra línea es algo que no tiene que ver más que con la elección en sí misma. No expresa nada, no sirve de desahogo a nada, no sigue ningún patrón de belleza. Solamente está determinado por el placer de elegir entre una suma de posibilidades inmensa. Nada más que eso.

He aquí el espíritu lúdico de las obras: juego de escogencia, juego de creación, juego de libertad, juego existencial. La elección del soporte, la textura conseguida, la composición, la elección de colores no es más que eso: un juego. Podría haber sido cualquier otra la elección, da igual.

Incluso el formato cuadrado de las obras, al ser una de las formas más neutras que hay, trata de concentrar la atención del espectador en lo que esta aconteciendo delante de sus ojos, que no desvíe su mirada del juego de existencia y ausencia, de crecimiento y ruptura que se suscita en el cuadro, por el cuadro, con el cuadro.

De muchas maneras esta propuesta trata de que los espectadores devengan en una pintura. No que devengan en una idea, o un objeto, ni siquiera pretenden que lleguen a la náusea. Simplemente desea que algo, en el universo de líneas de colores, acontezca. Y que ese acontecimiento sea presenciado.”